martes, 25 de junio de 2013

Valores, actitudes y habilidades necesarios en la enseñanza de las ciencias y su relación con el desarrollo cognitivo de los alumnos de educación básica (ideas principales).



Valores, actitudes y habilidades necesarios en la enseñanza de las ciencias y su relación con el desarrollo cognitivo de los alumnos de educación básica.

La enseñanza de las ciencias y la adquisición de conocimiento científico por parte de los alumnos tiene valor por ese solo hecho: saber ciencia. Tener explicaciones verdaderas acerca de los fenómenos naturales y conocimientos acerca de los diversos seres que habitamos el planeta puede ser un objetivo válido de la educación básica; que los alumnos resuelvan problemas con eficiencia, hecho que una buena enseñanza y aprendizaje de las ciencias debe lograr. Su quehacer está implícita la búsqueda de soluciones a los problemas que estudian. Estas soluciones van desde lo más teórico hasta lo puramente concreto.
El desarrollo de valores, actitudes y habilidades se da a lo largo del estudio de las ciencias naturales y no depende del aprendizaje de un contenido en particular.
Los valores y actitudes son importantes en el desarrollo personal de los alumnos, en ciencias debemos enseñar a los alumnos a reportar y registrar siempre los resultados obtenidos y no lo que hubieran querido obtener o lo que piensan que el maestro quiere que reporten.

La curiosidad y el escepticismo son dos cosas que el maestro debe de tomar en cuenta, la primera es la más sencilla puesto que el alumno ya lo posee desde pequeño, y es trabajo del docente encausarlo para su aprendizaje y no cortarle la curiosidad haciendo caso omiso del interés que le presta a tal situación o cosa. Existen ciertas habilidades que las personas requieren aprender o desarrollar para resolver problemas. Entre las más importantes se encuentran las siguientes:
•La habilidad e inclinación para resolver problemas depende de que las personas cuenten con cierto conocimiento, habilidades y actitudes, los cuales pueden adquirirse y desarrollarse.
•Las habilidades manipulativas, cuantitativas, comunicativas y críticas son indispensables para la resolución de problemas.
•La resolución de problemas debe aprenderse en una variedad de contextos y propiciar la reflexión como parte de cada situación por resolver, reflexión que dará lugar al desarrollo de una habilidad general para la resolución de problemas, la cual podrá ser aplicada a nuevos contextos. La variedad de experiencias de solución y la reflexión particular en cada situación son la clave para alcanzar la eficacia y la eficiencia en la resolución de problemas.
•En la resolución de problemas, la mera memorización (que puede aplicarse tanto a conocimientos como a habilidades) debe remontarse, si se quieren alcanzar la eficiencia y la eficacia.
Para abordarlo es necesario hablar de los “Hábitos de la mente”, que es donde se describen los valores, actitudes y habilidades más relacionados con la enseñanza y el aprendizaje de las ciencias:

VALORES Y ACTITUDES.
Honestidad. La honestidad es uno de los valores más apreciados, especialmente por aquellos que se dedican a la ciencia. Su ejercicio es esencial como parte de la práctica científica. Imbuir este valor a los alumnos es una condición indispensable de la enseñanza de las ciencias. La escuela ofrece múltiples oportunidades para mostrar a los alumnos el significado de la honestidad, practicarla y valorarla. En ciencias debemos enseñar a los alumnos a reportar y registrar siempre los resultados obtenidos y no lo que hubieran querido obtener o lo que piensan que el maestro quiere que reporten.
Curiosidad. La curiosidad es natural en niños y niñas desde que nacen y en estricto sentido no requiere enseñarse. El problema es el contrario: ¿cómo podemos evitar que se evapore al tiempo que orientamos a los alumnos a que la desarrollen para hacerla productiva? Al fomentar la curiosidad de los alumnos acerca del mundo natural, los maestros lograrán que esa curiosidad se dirija a otros ámbitos. Con el tiempo los alumnos aprenderán que hay algunos medios más eficientes que otros de satisfacer la curiosidad, y que encontrar soluciones es tan divertido e interesante como plantearse nuevas preguntas.
Escepticismo. Balancear la receptividad de ideas nuevas con el escepticismo puede ser un ejercicio difícil para los alumnos, porque cada una de estas virtudes “irá en dirección opuesta”. Incluso en ciencia hay dificultad para aceptar nuevas teorías al tiempo que se descartan otras vigentes. Sin embargo, ésta es una de las tareas fundamentales en la enseñanza de las ciencias: el maestro debe cuidar que, mientras un alumno explica las razones en las que se apoya su conjetura, los demás escuchen con atención. Si bien la conjetura puede parecer convincente, no podemos aceptar que lo sea mientras no contemos con la evidencia suficiente para fundamentarla.

Cálculo y estimación

Un cálculo es el proceso para llegar a un resultado a por medio de procedimientos matemáticos. Su valor social se aprecia al analizar el lugar que ocupa en los planes de estudio de las escuelas de todos los niveles. Desafortunadamente este reconocimiento no va aparejado con buenos resultados. Ser capaz de resolver una operación o contestar bien una pregunta de examen no garantiza que se tengan las habilidades necesarias para resolver problemas en situaciones reales. Lo cual no debe sorprendernos, ya que la enseñanza tradicional de las matemáticas: a) carece de la presentación de problemas en contextos reales; b) promueve la memorización de algoritmos a través de la mecanización de operaciones, la cual no se acompaña de un aprendizaje que indique sus usos; c) opera con números y magnitudes descontextualizadas, omitiendo referencias a unidades específicas o significados concretos, y d) no ofrece a los estudiantes procedimientos para juzgar la validez de sus respuestas.
Desarrollar buenas destrezas cuantitativas y conocer el mundo que nos rodea son dos procesos que van de la mano. No es suficiente que los alumnos sepan resolver operaciones matemáticas de forma abstracta si no son capaces de ser eficientes en la resolución de problemas y de expresar sus argumentos de forma cuantitativa cuando sea necesario. De ahí que, en todos los niveles, la enseñanza de las ciencias deba incluir la resolución de problemas, particularmente de aquellos que requieran que los estudiantes hagan cálculos y revisen sus respuestas contra sus estimaciones y conocimientos sobre la temática a que se refiera el problema. En la medida de lo posible, los problemas deben surgir de las actividades de los alumnos, de sus indagaciones, construcciones, experimentos, etcétera. Las habilidades computacionales de los alumnos pueden y deben desarrollarse fuera de los cursos de matemáticas.

Manipulación y observación

Aunque resulte paradójico, la manipulación y la observación forman parte de las habilidades del pensamiento científico. Los científicos saben que para encontrar respuesta a sus preguntas acerca de la naturaleza es necesario usar tanto sus manos y sus sentidos como su cabeza. Lo mismo ocurre en medicina, ingeniería y en otros campos de la actividad humana, incluyendo múltiples situaciones de la vida diaria.
Las herramientas y los artefactos como martillos, pizarrones, cámaras fotográficas o computadoras amplían las capacidades del ser humano. Hacen posible que las personas muevan objetos más allá de su fuerza personal, se desplacen más lejos y más rápido de lo que sus piernas puedan llevarlas, detecten sonidos tan tenues que no los registre su oído, vean objetos tan lejanos o pequeños que no puedan verse a simple vista, proyecten su voz alrededor del mundo o la graben, analicen más datos que los que su cerebro puede almacenar, etcétera. En la vida diaria, las personas tienen poca necesidad y oportunidad de utilizar microscopios, telescopios u otros instrumentos complicados que usan los científicos o los ingenieros en su trabajo cotidiano. Aunque no por ello dejan de contar con un gran número de aparatos mecánicos, eléctricos, electrónicos y ópticos que utilizan en una gran diversidad de tareas.

Habilidades comunicativas

La buena comunicación debe darse en ambos sentidos. Es tan importante recibir información como transmitirla, tanto para lograr comprender a los otros como para aclarar las ideas propias. Tradicionalmente, en las profesiones científicas se da mucha importancia a lograr una comunicación rigurosa, que exprese con exactitud los resultados de las investigaciones y las propuestas teóricas de cada científico. Para ello se cuenta con mecanismos como las revistas y los congresos científicos, los cuales facilitan a los miembros de una disciplina compartir los nuevos desarrollos e ideas. Los científicos comparten el respeto por una comunicación clara y rigurosa, pero sobre todo cuentan con las destrezas necesarias para establecer dicha comunicación.
La comunicación rigurosa dentro de una disciplina científica es, en parte, resultado del uso de un lenguaje táctico. Un efecto no intencionado de ello es que si bien el uso de términos especializados ayuda a los científicos a comunicarse, también es cierto que inhibe la comunicación entre los especialistas y el gran público no especializado. Por ello los divulgadores de la ciencia contribuyen de manera muy importante a que el gran público no especializado adquiera conocimientos científicos, ya que su tarea principal es traducir, en libros, revistas, periódicos, programas de radio y televisión, las ideas y los términos altamente especializados a un lenguaje asequible al adulto educado, pero no necesariamente especializado. En su quehacer, los divulgadores asumen que sus lectores tienen una educación científica básica y la capacidad de comprender textos estructurados lógicamente, en los que se infieren conclusiones a partir de premisas. Todo egresado de la educación básica debiera tener esa capacidad. Las habilidades comunicativas que se refieren a continuación tienen ese propósito.

Habilidades del pensamiento crítico

En la vida diaria, las personas son bombardeadas continuamente con información acerca de productos, del funcionamiento de sistemas naturales y sociales, de su salud y bienestar, de lo que ocurrió en el pasado y de lo que ocurrirá en el futuro, etcétera. Dicha información puede provenir de expertos (incluyendo científicos), de neófitos (incluyendo científicos), de personas honestas o de charlatanes. Para hacer frente a una avalancha de información como ésta, es decir, saber cómo separar lo que tiene sentido de lo que no lo tiene, el conocimiento es indispensable.
Además de lo que un individuo sepa acerca de cierta afirmación, si es versado en los métodos de la ciencia, será capaz de hacer juicios sobre el carácter y la naturaleza de la afirmación. La presentación o carencia de evidencia al presentar la afirmación, el lenguaje usado y la lógica de los argumentos empleados son consideraciones importantes para reconocer la seriedad de una afirmación o de una propuesta. Estas habilidades para pensar críticamente pueden aprenderse y con la práctica llegar a constituir hábitos mentales que duren toda la vida

Silva Ruiz Mario Daniel 
Grupo: 203.

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